Oftalmología y Diagnóstico Precoz
Gloria tenía 4 años y estaba jugando con sus primos en el patio de su casa. Al primo de mayor edad se le ocurrió la idea de jugar a taparse un ojo y acertar a tirar una pelotita dentro de un cubo. El papá de Gloria se alarmó al ver que su hija era extremadamente torpe después de taparle el ojo derecho. Incluso se puso a llorar, cosa que no pasó cuando jugaron tapando el otro ojo. En pocos días se pudo iniciar el tratamiento de una ambliopía profunda, conocida coloquialmente como ojo gandul, producida por un estrabismo de difícil detección: el microestrabismo.
El señor Gonzalo acababa de cumplir 41 años y, poco después de apagar las velas, uno de sus hermanos le comentó la conveniencia de visitar al oftalmólogo una vez al año a partir de los cuarenta. Aunque al principio le pareció innecesario acabó solicitando una visita. Gracias a ello se pudo diagnosticar una avanzada pérdida de campo visual, hasta entonces asintomática, en el contexto de un glaucoma crónico de ángulo abierto
La señora Carmen, una abuelita vivaracha e ingeniosa, llevaba varios días que encontraba dificultades en la lectura. Y no había cosa que a sus 72 años le gustara más que leer novela tras novela. Ella, que siempre había sido muy observadora y analizaba con precisión todo lo que se le presentaba, empezó a hacer pruebas. Cuál fue su sorpresa cuando al tapar su ojo izquierdo y mirar un cuadro del salón vio que el marco se estiraba y ondulaba en una de sus esquinas. A las pacas semanas días el oftalmólogo celebraba el éxito tras haberle inyectado en el interior del ojo un nuevo fármaco antiproliferativo. Se trataba de una degeneración macular relacionada con la edad. Y ese ojo pudo seguir leyendo durante muchos años.
El doctor Marco, oftalmólogo reconocido en su ciudad, tuvo la idea de enviar una carta a todos sus pacientes afectos de glaucoma, para recomendarles que acudieran con sus familiares más cercanos. De entre todos los pacientes que respondieron a su sugerencia, hubo seis familias que presentaron más de una persona glaucomatosa. Aunque nadie les pudo evitar el disgusto al conocer el diagnóstico, todos coincidieron en que era mejor saberlo a tiempo e iniciar ya el tratamiento farmacológico hipotensor.
El señor Santiago, diabético de 15 años de evolución desoía la indicación de su médico de familia de visitar al oftalmólogo para hacer un fondo de ojo de rutina. Como él notaba que veía bien, no le parecía necesario. La mañana de un domingo justo en el momento de levantarse de la cama, perdió de manera súbita la visión de un ojo. Tuvo fortuna porque tras una operación pudo mantener una visión útil en ese ojo. Sin embargo nunca olvidará que de haberse diagnosticado a tiempo la retinopatía diabética proliferativa, se hubiera prevenido aquella inquietante hemorragia vítrea.
Guille era el bebé esperado por toda la familia. Carita sonrosada y unos ojazos preciosos. Sin embargo cuando cumplió tres meses su mamá notó que le molestaba la luz, una lagrimita se insinuaba entre los párpados y aquel brillo de los ojos empezaba a apagarse. Con urgencia acudió al oftalmólogo que diagnosticó un glaucoma congénito. Por suerte la enfermedad no tuvo tiempo de lesionar severamente los nervios ópticos y, tras la cirugía, la presión intraocular quedó controlada.
La señorita Mercedes llevaba 6 años trabajando como secretaria. En los tres últimos, el dolor de cabeza no le abandonaba, mejorándole sólo durante el fin de semana. Ella lo atribuía a la pantalla de ordenador aunque su madre siempre le decía que había heredado la migraña. El rendimiento laboral se estaba resintiendo y la única solución aparente era incrementar el tratamiento empírico con analgésicos. Finalmente un oftalmólogo dio con la solución. Era hipermétrope. Con sólo dos dioptrías en cada ojo resolvió su cefalea, volvió a disfrutar trabajando y reconoció que si hubiera consultado antes, las cosas hubieran sido muy diferentes.
Estas 7 breves historias son ejemplos de oftamología preventiva y diagnóstico precoz. Muchas enfermedades oculares graves pueden ser tratadas con mayores probabilidades de éxito cuando son diagnosticadas tempranamente, permitiendo al oftalmólogo instaurar un tratamiento médico o realizar un abordaje quirúrgico. Pero ¿cuáles son las virtudes de ese paciente ideal que nos consulta a tiempo y nos permite desarrollar la oftalmología más efectiva?. Podríamos resumirlas en dos: la auto-observación y las exploraciones recomendadas.
Auto-observación
La auto-observación es de vital importancia, especialmente porque un trastorno visual de un sólo ojo puede quedar oculto por la buena visión del otro ojo.
Es recomendable:
- analizar la visión de cada ojo por separado, de lejos y de cerca,
- detectar cualquier deformación de la forma o el tamaño de las imágenes,
- analizar cualquier diferencia de percepción del color, la luminosidad o los contornos de los objetos entre uno y otro ojo,
- descubrir pérdidas de campo visual analizando no los objetos que miramos directamente sino los que vemos de reojo.
La auto-observación tiene otra gran implicación práctica: el paciente llega a la consulta con información de calidad. Muchas veces un pequeño detalle intrascendente para el paciente, puede ayudar a dirigir el diagnóstico con rapidez. Todo menos recurrir a la expresión de "veo raro doctor". Al médico le va a interesar el tiempo de duración del síntoma, su evolución, sea de empeoramiento, mejoría o estabilidad, los síntomas asociados, la existencia de familiares con problemas oftalmológicos, los fármacos que se administra, las enfermedades no oculares que haya padecido, etc.
Muchas veces un pequeño detalle intrascendente para el paciente, ayuda a dirigir el diagnóstico con rapidez.
Exploraciones recomendadas
La segunda virtud se refiere a la puesta en práctica de las exploraciones recomendadas por la medicina preventiva. Veamos los casos más sobresalientes:
- Una exploración completa tras cumplir los 40 años.
- Una visita para todos los niños al menos a los 3-4 años de vida, cuando ya sus respuestas pueden ayudar a conocer con gran precisión la calidad de su función visual.
- Un control anual para todos los diabéticos, especialmente cuando se ha diagnosticado alguna forma de retinopatía diabética.
- Una revisión anual con atención especial al fondo de ojo para todos los afectos de miopía moderada y alta.
- Una valoración anual a todos los pacientes mayores de 65 años especialmente si existen indicios de degeneración macular asociada a la edad (DMAE)
- Una exploración de los miembros de una familia cuando existan indicios de que pueda existir una enfermedad con factor de riesgo familiar, como el glaucoma.
Las organizaciones de salud ocular de todo el mundo coinciden en que el control de las enfermedades oftalmológicas mejoraría sensiblemente si se extendiera la práctica de las exploraciones recomendadas.
Texto escrito por el Dr. David Andreu